El Grupo de las Ocho naciones musulmanas más grandes del mundo, integrada por dirigentes y jefes de Estado de Bangladesh, Egipto, Indonesia, Irán, Malasia, Nigeria, Pakistán y Turquía, instó a los países en desarrollo a suspender los cultivos destinados a biocombustibles, una práctica considerada como un detonador del hambre en el mundo.

Abdullah Ahmad Badawi, primer ministro de Malasia, dijo: “se deben aumentar los cultivos para la alimentación en el mundo, en momentos en que hay otros desafíos como el cambio climático y los desastres naturales. La crisis alimentaria puede fomentar la inestabilidad política en el mundo”.

Reunida en Malasia, la Cumbre Islámica, advirtió que el proceso de producción de biocombustibles encarece los precios de los alimentos, y aumenta el número de pobres en el planeta.

Susilo Bambang Yudhoyono, presidente de Indonesia, expresó: “aunque la idea que se busca es reducir los gases contaminantes y evitar la dependencia de combustibles fósiles, no es una buena propuesta ya que sólo empeoraría la crisis mundial de alimentos”.

“La acción de convertir tierras arables en pastura para la producción de biocombustibles debe terminar, porque dichas acciones ahondan la escasez de alimentos y lleva a una crisis mundial”, apuntó Abdula Ahmad Badawi.

El también conocido como D-Ocho acordó revisar los contratos petroleros para tratar de detener la compra especulativa que ha contribuido a elevar drásticamente los precios globales del crudo. También pidió a los países miembros que adecuen su política industrial con las necesidades agrícolas para enfrentar la crisis alimentaria.