Los parques eólicos situados en el mar, los denominados offshore, siguen sin ver la luz en nuestro país. Un año después de que Industria y Medio Ambiente delimitasen de forma preliminar las zonas donde pueden ir ubicados, no ha habido ni memoria ambiental ni ningún otro de los procedimientos necesarios.

¿Consecuencia? Acciona, máximo exponente en la apuesta por este tipo de generación de energía, tiene paralizadas inversiones por valor de 2.400 millones de euros, que son las que planificó para el proyecto Mar de Trafalgar, situado en la costa atlántica de Cádiz “a una distancia de entre 10 y 18 kilómetros en su primera línea de aerogeneradores”, informan desde la compañía. “La producción estimada de la instalación rondaría los 3.000 millones de kilovatios por hora”, añaden las mismas fuentes. Esto representa una capacidad “equivalente al consumo anual de más de 900.000 hogares”.

El problema es que está todo parado y no parece que haya voluntad política por despertar un proyecto que, curiosamente, cuenta con el beneplácito de los ecologistas pero con el rechazo social de quienes no quieren ver inundadas sus playas de molinos de viento. Fuentes del sector temen que no sea hasta 2010 cuando se cierre un plan que podría permitir este tipo de instalaciones en más de un tercio del litoral español.