Escuchar sobre la construcción de megaproyectos se ha convertido en un lugar común en nuestro país; a los ya existentes se ha sumado la construcción de la hidroeléctrica del Inambari, un proyecto ambicioso que se halla ubicado en las regiones de Cusco, Madre de Dios y Puno. La central hidroeléctrica del Inambari se vislumbra como la quinta más grande de América Latina, razón suficiente para que los brasileños del consorcio Electrobras, Furnas y OAS se interesen en ella.
El consorcio brasilero, que tiene la concesión temporal, anunció que invertiría 5,000 millones de dólares en la construcción y adelantó que las obras podrían iniciarse a mediados del presente año, siempre que obtengan la concesión definitiva. Los estudios de prefactibilidad, que empezaron en el 2008, han arrojado como resultado que las condiciones hidrográficas permitirían que la potencia de la central sea de 2.5 Gw, la más grande del Perú.
Sin embargo, la construcción de la hidroeléctrica trae consigo algunos elementos negativos que hay que resaltar. Por un lado, existe la necesidad de construir un dique que estará ubicado cerca del puente Inambari, lo que afectaría directamente al puente y al asfaltado de la Interoceánica Sur, modificando el trazo original de la vía y amenazando la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Bahuaja Sonene. Los 100 metros de altura y la superficie del embalse, estimada en 40,000 Has., requieren de la tala de bosques ribereños y la eliminación de laderas de montaña, afectando a las poblaciones locales y familias que habitan la zona.
Es muy probable que la geografía de la zona, las condiciones climáticas, sumadas a los efectos de la presión del agua embalsada, puedan generar derrumbes, afectando al dique y a su entorno. También se debe considerar que el Inambari es el hogar de varias especies de peces migratorios, quienes en su ciclo de vida, se dirigen a las zonas altas de la cuenca para desovar, en ese sentido es necesario que el proyecto contemple un sistema que permita el paso de los peces, para menguar, de algún modo, el impacto que ocasionará la construcción de la hidroeléctrica y considerar el manejo de las emisiones de metano fruto de la tala de bosques.
La Central Hidroeléctrica del Inambari abre la posibilidad de que el país satisfaga la creciente demanda de energía eléctrica que tienen Brasil y Chile, empero la ausencia de una política adecuada de exportación que asegure la demanda interna e inscriba este proyecto en una visión de largo plazo, deja serias incertidumbres. Por lo pronto, se sabe que Brasil está sumamente interesado en la construcción de éste y otros catorce proyectos hidroeléctricos en el Perú, según declaraciones del propio ministro brasileño de Minas y Energía, Edison Lobao.
De otro lado, es necesario que el proceso de concesión definitiva, que elija a la empresa concesionaria, sea transparente y participativo, permitiendo la existencia de mecanismos a través de los cuales las poblaciones locales y regionales afectadas por la construcción de este megaproyecto, puedan participar activamente; hasta el momento, no existe ningún acercamiento por parte del gobierno para subsanar esta omisión. Asimismo, los gobiernos regionales y autoridades locales deberían tener una posición que permita el máximo aprovechamiento de éste y otros megaproyectos.
Esperamos que el proyecto sea debidamente socializado, indicando sus alcances y limitaciones, ello generaría mayor confianza y garantizaría el éxito del mismo. Escenas como las registradas en Sicuani en octubre de 2008, en la que las comunidades campesinas se opusieron a la construcción de una hidroeléctrica, podrían ser la analogía de un proyecto que hasta el momento no está generando mecanismos de diálogo, consulta e involucramiento y muy por el contrario, intenta pasar desapercibido.